Por Obispo Monseñor Hugo Santiago
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 21,5-19)
“Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: ‘De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido’. Ellos le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder? Jesús respondió: ‘Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin’. Después les dijo: ‘Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y eso les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque Yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.”. Palabra del Señor.
Contracorriente
Una nota típica del cristianismo es que tiene una dimensión “contracorriente”, es una nota que la anuncia Jesús en el Evangelio de hoy y, tal cual lo predijo, desde los inicios hasta el presente, la persecución, con muchas modalidades - más o menos agresiva o más o menos sutil -, es una constante que acompaña a la vida cristiana bien vivida. Es entendible si se piensa que hay gente que cree en Cristo y se siente impulsada por el Espíritu Santo a vivir sus mismos sentimientos y actitudes; pero también hay gente que no cree y no le interesa vivir de ese modo. Sin embargo, eso no explica una reacción hostil, porque una persona podría no creer en Cristo ni vivir como Él, y quedarse tranquila con quien vive el estilo de vida cristiano. El punto de crisis nace con el testimonio o la vida coherente con la fe. El testimonio de vida provoca siempre dos tipos de reacciones: una positiva; el que tiene una vida cristiana ejemplar, despierta admiración en quienes lo rodean y la admiración es la puerta de la imitación. Por lo tanto, las personas que rodean al testigo, terminan imitándolo. La segunda reacción es negativa. Aunque el cristiano coherente no diga una palabra, su estilo de vida cristiano “molesta” a quienes no lo son, les crea “cargos de consciencia”, porque vive de un modo que deberían vivir también quienes lo rodean, pero, de ninguna manera están dispuestos a vivir, entonces, lo persiguen e intentan “sacarlo del medio”. Esto se suele dar de manera muy agresiva hasta quitarle la vida al testigo. Si alguna vez tenemos el regalo de ir a Roma, veremos el Coliseo, donde los primeros cristianos eran devorados por los leones por seguir a Jesucristo y no dar culto al Emperador Romano. Si venimos a la actualidad, tenemos los mártires de Argelia; un grupo de Monjes Benedictinos que, por vivir en territorio comunista, no obstante hacer mucha caridad con gente pobre, tenían conciencia de que podían ser ejecutados, y ante la posibilidad de irse del lugar y salvar sus vidas, deciden quedarse y ocurre lo que podía ocurrir: son ajusticiados por ser cristianos y no seguir el estilo de vida impuesto por el Régimen Comunista.
Testimonios coherentes
A quienes vivimos en occidente y somos cristianos, gracias a Dios, no nos van a matar por serlo; pero si somos coherentes con nuestra fe, viviremos el “martirio de conciencia”, es decir, la incomodidad de ser cristianos en un mundo o en un ambiente que no lo es. Entonces no hay opción, o nos amoldamos o de manera incómoda, tratamos de ser coherentes con nuestra fe; entonces tenemos que recordar que el testimonio provoca admiración e imitación o molestia y exclusión, aunque sea de manera sutil, socarrona, irónica o de otro modo. Por lo tanto, si tu vida no le dice nada a nadie, preocúpate, es probable que ya no vivas como cristiano aunque te profesas como tal. En cambio, si algún compañero de trabajo abre su corazón para contarte un problema, es que ha mirado tu vida coherente y te percibe como una persona confiable. Alégrate, aunque no te lo digan explícitamente, están reconociendo tu estilo de vida cristiano y seguramente lo imiten, aunque no hayas dicho ni una palabra religiosa. Cristo te está fortaleciendo para poner tu “grano de arena” para que tu ambiente de trabajo sea mejor, el mundo, desde vos y desde tu ambiente está comenzando a cambiar. Que Dios te bendiga, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.
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